Controles:
Flechas: Mover el caza
Space: Disparar
Ratón: Apuntar y mover (alternativa)
P: Pausar
Enter / 0: Autodestruirse
N: Cambiar pista de música
Destruye las naves enemigas antes de que lleguen al borde inferior de la pantalla.
Controlas un caza a la vez; al perderlo, el carguero envía un relevo.
Vigila la munición: cuando el caza va escaso, una autodestrucción planificada puede dejar el resto al siguiente.
La autodestrucción esparce la munición sin usar para que el siguiente caza la recoja.
Usa los potenciadores cuando aparezcan y evita que la oleada llegue al carguero.
Si dejan pasar demasiados enemigos, perderás cazas y, al final, la partida.
Consejo: ¡No esperes a quedarte sin munición. Si el caza está casi vacío, autodestrúyete en un momento seguro para que el siguiente recupere lo que queda!
Eres el capitán del carguero Chromium B.S.U., un convoy de suministros que nunca aburre porque el frente inventa tráfico nuevo sin parar y no te deja terminar el café. Desde la relativa seguridad del casco pilotas una cadena de cazas robóticos. Uno cada vez. La pantalla es un pasillo de cascos que se acercan: bajan capa a capa. El suelo de ese pasillo es tu verdadera barra de vida; la del caza es solo una cortesía fingida.
Es un shoot 'em up espacial clásico visto desde arriba con una regla cruel de más. Un enemigo que se cuela pasado el caza no desaparece con educación: golpea el carguero. Pierdes ese caza. El siguiente sale del hangar más pobre de lo que querías — menos munición, peor escenario — salvo que hayas planeado la muerte y dejado la herencia de balas en orden.
El suicidio estratégico es táctica, no un berrinche ni una rendición. La autodestrucción esparce la munición restante al espacio para que el relevo la recoja. Una vida limpia gastada demasiado pronto es desperdicio. Una vida gastada cuando los cargadores están vacíos y la oleada sigue bajando es cómo el siguiente barco hereda una oportunidad. Hay que aprender a hacer cuentas de intendencia en medio del pánico: cuándo aguantar, cuándo explotar, cuándo ceder el suelo al que aún tiene balas.
Los potenciadores y las pistas de música van y vienen. El trabajo, no. Mantén sagrado el borde inferior de la pantalla, como una frontera que no se pisa. Cada nave que lo besa es un impuesto; pagar demasiado es la quiebra. El puerto WASM mantiene ese impuesto honesto en un navegador moderno: el mismo pánico, la misma victoria barata de un recogido a última hora, el mismo instante en que detonas a propósito y te sientes intendente en vez de héroe.